ANYÁN cyber magazine
ENSAYOS
DEL GRAN HERMANO DE ORWELL
AL REALITY SHOW.
|
El
impacto de los reality show es indiscutible. La convocatoria
voyerista y exibicionista evidente. Porqué el más convocante es el que
alude a la novela de Gorge Orwell "1984" es un enigma.
Porqué
Gran Hermano y no Expedición Robinson, por nombrar otro reality, que
convoca la emoción de una gran aventura en medio de una naturaleza
tropical y exuberante. Gran Hermano en cambio sugiere la peor pesadilla
humana, un clima opresivo de control totalitario, de dominación y
sumisión absoluta. El sistema de manipulación y control a través de la pantalla chica fue el argumento de la película The Truman Show (1998), donde un sujeto nace, se cría y vive en un mundo de simulacro. Ya allí lo real y lo simulado aparecen como indiferenciados. Para
redoblar la apuesta de que simulación y realidad no pueden distinguirse
en 1999 se estrenó “La Matrix”, que en forma brillante plantea la
vieja idea de ser y existir solo en el sueño o en la pesadilla de un
otro. El horror aumenta cuando ese otro es La Matrix una computadora
gigante que usa seres humanos como pilas descartables para generar
energía. La frase conmovedora del relato es “Bienvenido al desierto
de lo real” que marca el descubrimiento de un mundo devastado
pero propio.
Luego vinieron los talk show donde el sufrimiento de personas reales era banalizado frente a las cámaras, nuevamente reforzando la idea de que lo simulado y lo real pueden ser -sin mayores dificultades- categorías intercambiables. El espectador percibe alguien que está sufriendo y no se conmueve, no le asigna a eso que ve la cualidad correspondiente. Que sentido puede tener borrar el sufrimiento, hacerlo simulacro, si no es el poderoso control de la mente del espectador-consumidor. Cambiarle sus percepciones para que no reconozca como sufrimiento lo que otro está viviendo, darle la categoría de ficción a lo que no lo es. Hacerle creer como a Truman que todos pueden ser actores o personas reales y que da igual, es lo mismo. Banalizar la tragedia, en el sentido griego del término como dolor inexorable e irreversible, hasta transformarla en dibujo animado. Donde el sufrimiento psíquico no se sienta, donde no haya solidaridad ni empatía. Del
otro lado la pregunta que inquieta es: porqué
un ser humano se presta para hacer público su sufrimiento. Y sin
pensarlo demasiado aparece la remanida frase “por los dos minutos de
fama”. Aunque más cercano a la verdad sería decir: “para poder
existir, aunque más no sea dos minutos en la mirada de algún otro ser
humano que me reconozca como humano”. La inversa es desaparecer, no
existir para nada ni para nadie. La
figura más temida del psiquismo humano es la desaparición, desaparecer
de la mente del ser humano querido es un temor ancestral. Desaparecer de
la mente de todos los seres humanos, no existir para nadie y no poder
demostrar la existencia de ningún modo, es el dolor psíquico más
intenso y más insoportable.
George Orwell en su novela “1984” describe un mundo totalitario donde se manipula a los sujetos obligándolos a ver y a pensar lo que un grupo minoritario dirigido por el gran hermano quiere. De este modo el gran hermano borra la realidad dándole a la gente la versión de los hechos que a él le parece conveniente. Todo es controlado a través de la telepantalla, textualmente Orwell dice: “despiertos o dormidos, trabajando o comiendo, en casa o en la calle, en el baño o en la cama, no hay escape. Nada es del individuo a no ser unos cuantos centímetros dentro de su cráneo”. El pasado de cada ser humano y de la historia del lugar era borrado permanentemente y reescrito de acuerdo a las conveniencias del partido del Gran hermano. En los reality se le pide al público que vote quien se queda y quien se va, quién sigue apareciendo en la pantalla y quién desaparece. Los juegos son una forma de aliviar la angustia en la cual se vive, transformando en activo lo vivido pasivamente, haciendole a otro lo que temo que me suceda a mí. Literalmente que otro me desaparezca. En la novela, Orwell dice: “lo habitual era que las personas caídas en desgracia despareciesen sencillamente y no se volviera a oír hablar de ellas. Nunca se tenía la menor noticia de lo que hubiera podido ocurrirles, en algunos casos ni siquiera estaban muertos”. En nuestra ciudad, la figura del desaparecido del mercado del consumo se le parece bastante, no se lo mata pero tampoco se los mira que es una forma de desaparecerlos. Familias enteras sin techo, que duermen donde pueden, que se organizan para comer la basura que sacan los restaurantes y que prolijamente abren cada uno de las bolsas de basura, buscando algo que sirva para sosportar. Aceptar que existen y que son humanos, es tan insoportable como ser “bienvenidos al desierto de lo real”, tan insoportable como estar absolutamente a merced del Gran Hermano, en un lugar desierto de lazos sociales, de solidarides, de reconocimiento del otro como un ser humano que sufre.
Me
pregunto si siguen existiendo los ciudadanos, en el sentido de personas
de pleno derecho, que votan eligiendo los designios de su ciudad o solo
consumidores. Me da la impresión que hoy solo quedan dos tipos
de habitantes, los consumidores y los no consumidores. O en realidad
sería mejor decir los tragados por el sistema y los escupidos del
sistema. Los incluidos que todavía son, tienen y pertenecen al sistema
y los excluidos que quedaron sin ser, vaciados desfondados de ser, que
no tienen nada ni siquiera esperanza y no pertenecen a la ciudad aunque
vivan en ella. Me parece que esta forma nueva del “Big Brother” que son las cadenas: “cadenas de noticieros”, “cadenas de supermercados”, “cadenas de reality shows” todos iguales, todos globalizados, todos uniformados. Van destruyendo el capital representativo, cambiando la historia, borrando el pasado. Decidiendo que atentados vamos a ver un millón de veces y que otros van a desaparecer simplemente porque la telepantalla decide que no existe. Que vamos a comer, que vamos a vestir y sobretodo quiénes van a ser reconocidos como humanos y a quienes arrojados a una categoría infrahumana. Y mientras el “Gran Otro” va cambiando la historia, uno queda como un autómata como “Truman” obedeciendo a las representaciones el “Gran Hermano” por temor a quedar convertido en una pila descartable de la sociedad de consumo, de La Mátrix.
Liliana
Iglesias. |
|
| internet | arte | ensayos | miniesculturas I entrevistas I idiomas | cine | joyas | vida cotidiana | musica | virus | astrologia | humor | lectores | poesia | fotografía | |gourmandise | inicio | |
No podemos dirigir los vientos, pero sí las velas.