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CINE

 

 EL BACH DEL CINE:

Kenji Mizoguchi

 

Jean Douchet afirmó “Kenji Mizoguchi es para el cine lo que Bach para la música, Cervantes para la literatura, Shakespeare para el teatro, Tiziano para la pintura: el más grande”.

Mizoguchi nació en 1898 en Tokio, hijo de una familia de buen linaje pero de escasos recursos económicos. Su padre era carpintero de tejados y durante la guerra ruso-japonesa vendía abrigos al ejército. Al quebrar con este negocio vendió a su hija a una casa de “geishas”, esta experiencia marcará a fuego al futuro realizador y estos temas serán fundamentales en su obra. Luego, esta hermana suya de nombre Suzu sería adquirida por un aristócrata quien llegó a casarse con ella. La familia de Kenji desde ese momento viviría del favor de su hermana enriquecida.

En 1913 se emplea como aprendiz con un diseñador de kimonos.

Ingresó en el Instituto Aiobashi de pintura occidental. Seguramente esto contribuyó a que su cine fuera tan plástico.  

(Mizoguchi, sentado, dirigiendo)

Fue redactor del periódico Kobe, y se convirtió en experto en teatro Noh, Kabuki y Bunraku (el teatro de marionetas).

En 1922 entra como ayudante en Nikkatsu, la empresa cinematográfica más importante de Japón y en 1923 dirige su primer filme.

En 1923 se inspira en Arsène Lupin para su película “813 Rupimono”. Conoce a Yoshikata Yoda, quién se transformará en uno de sus guionistas habituales. Admiraba a los realizadores Lubistch, Ford, Renoir, Clair y Wyler.

Recibe el Premio a la Dirección en el Festival de Venecia de 1952 por “La vida de una mujer de Saikaku”. Con “Ugetsu Monogatari” recibe el León de Plata en el mismo festival al año siguiente.

Mizoguchi utilizó las mismas variantes genéricas que sus contemporáneos desde todas las variantes del cine histórico hasta historias ambientadas en Manchuria (como “La emperatriz Yang Kwei Fei” – 1955), o el melodrama, todo con mano maestra. Muerto tempranamente en 1956, su último filme es “La Calle de la Vergüenza” de ese mismo año.

Un realizador en el que la perdurabilidad de los clásicos es un hecho completamente tangible.

       

Silvia Romero

sromero@anyan.com.ar

  a:  "The Loyal 47 Ronin"

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